El otoño de un héroe de acción

Crítica de El último desafío publicada en MySofa. Consulta el contenido original aquí.

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Arnie tiene un problema. Tras casi una década haciendo méritos, se ha enterado de que no puede presidir la Casa Blanca, las leyes norteamericanas se lo impiden por su origen foráneo. En Hollywood insultan su leyenda produciendo engendros (ellos los llaman remakes) de los títulos que auparon al estrellato, ahora convertidos en clásicos. Ya no puede ser el gran héroe de acción que fue, hoy se lleva un estilo más humano, a lo Jason Bourne. Sus limitaciones actorales (sabe hacer de cyborg, de guerrero bárbaro y de sí mismo) tampoco le permiten trabajarse una interpretación de Óscar que, al estilo Mickey Rourke, lo redima de sus pecados. Pero, tras unas gafas oscuras y vestido con chaqueta de cuero, ya avisó a aquel poli aburrido en Terminator: “Volveré”. Y volvió arrasando con la artillería pesada.

El último desafío tiene sus carencias cinematógraficas, por supuesto, pero significa un regreso con toda la artillería de la que el actual Schwarzenegger podía echar mano. Rozando la tercera edad, tras una temporada alejado del cine, le llega el momento de volver la vista a su pasado glorioso. Una jugada que le ha salido incluso mejor que la patrocinada por Stallone, su antiguo rival en las taquillas ochenteras, en su díptico Los mercenarios. Este desafío está igualmente cargado de ironía, hay menos nostalgia en él pese a su estilo crepuscular, pero está mejor facturada.

Y es que el Chuache, cariñoso apodo acuñado en tiempos del VHS, no está sólo. Siempre tuvo la habilidad para rodearse de grandes: Paul Verhoeven, John Millius, Walter Hill, James Cameron, John McTiernanEl último desafío supone también el desembarco en Hollywood del coreano Jee-won Kim, bien conocido por la afición de festivales como el de Sitges por títulos como Dos hermanas, A bittersweet life o Encontré al diablo. Una tendencia la de exportar talento oriental al cine de acción norteamericano que se inició con John Woo y que a menudo ha significado la pérdida de identidad del autor. El propio John Woo regresó a su país algo escarmentado tras haber realizado una gran película, Cara a cara, y otras tantas producciones que no pasaban de estar realizadas con cierto estilo. El caso de Jee-won Kim puede ser en principio algo distinto, ya que la personalidad imprimida a toda su obra no le hacen candidato a terminar dirigiendo subproductos de acción al servicio de Jean-Claude Van Damme, como hicieron Ringo Lam o Tsui Hark.

Para evitar que alguien le diga a Jee-won Kim que se ha bajado los pantalones ante Arnie, en El último desafío, siendo una película que no tendría sentido sin la superestrella venida a menos, se reserva su parcela para darle su toque autoral. Por un lado, Eduardo Noriega (que un español interprete a un criminal millonario con cuenta en Suiza suena muy real) huyendo en su cochazo a toda pastilla desde Las Vegas hacia la frontera mexicana. Tras él, un incorruptible Forest Withaker que le perseguirá por tierra y por aire. El realizador coreano se luce en la fuga de la cárcel y en las persecuciones por áridas carreteras, justificando que todos los personajes estén escritos con dos trazos y un buen actor dándoles vida. Acción pura y dura con buenos y malos brillantemente coreografiada. Y durante toda la primera mitad, Arnie como un cansado sheriff espera en su pueblo de Arizona, junto a sus patéticos ayudantes y caricaturescos lugareños aficionados a las armas. Lo que da lugar a situaciones risibles y a que el actor austriaco, haciendo deducciones en plan Sherlock Holmes, demuestre una vez más, y esta vez sin complejos, porqué lo suyo no es la comedia. Cuando ambas tramas colisionan llega el momento de que el avejentado héroe desempolve su legendaria fuerza bruta (la hostia limpia, para entendernos), recogiendo el testigo del director coreano y convirtiéndose en el rey de la función.

Además de comedia y acción podemos disfrutar de sabrosos guiños al western, género al que Jee-won Kim ya rindió pleitesía en El bueno, el malo y el raro. Tantas piezas no acaban de encajar con armonía pero, pese al batacazo que se ha dado en la taquilla norteamericana, conforman un conjunto entretenido y divertido como pocos en la cartelera. Especialmente en la medida de que, al igual que Los mercenarios para Sly, marca el inicio de una nueva etapa en la carrera de Arnie, dispuesto a dar guerra más allá de los 60 y muchos.

Aquí Schwarzenegger se autoparodia sin piedad, algo a lo que tiene cierta afición (recordemos El último gran héroe), pero ahora con el peso añadido de los años, sabedor de que las energías le empiezan a fallar. Y es que, tanto a él como a su pandilla ochentera de action-heros, les toca reinventarse en la medida que le sea posible. Aunque su leyenda no llegue para conducir un Gran Torino y con la inquietud de si sabrá retirarse a tiempo, antes de que la ironía que luce ahora le lleve al ridículo. Charles Bronson impartió justicia hasta casi octogenario, cuando la maldita enfermedad borró su discutible código ético, pero terminó su carrera fílmica en películas de ínfima calidad. Algo que el abuelete Arnie, cargado de anabolizantes, aún está a tiempo de evitar.

El nunca suficientemente reconocido Walter Hill, que le dirigió en Danko: calor rojo, vuelve este año a la carga con Stallone. Su amigo James Cameron, que le convirtió en inclemente máquina de matar, juega ya en otra liga. John Millius, arrinconado hace ya demasiado por los “progres” y la corrección política, barrunta si volverá a darle órdenes en otro Conan. Son nuevos tiempos para los viejos héroes de acción. Menos gloriosos que antaño, pero mientras les quede munición y masa muscular, se pueden disfrutar sin complejos. Como este El último desafío cuyo título es engañoso: aún habrá más desafíos para Arnie.

Lo mejor: La mezcla de comedia tontorrona, acción al estilo coreano y western crepuscular

Lo peor: El humor, a ratos demasiado garrulo, de los ayudantes del sheriff Arnold

Nota: 65/100

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