Robert perdido en el País de Cronenberg

Crítica de Cosmópolis publicada en MySofa. Puedes consultar el contenido original aquí.

Empecemos con una discutible lista cronenbergiana. Están las incontestables –La mosca, Promesas del Este-, las que seguro son buenas pero aburren soberanamente –Spider, Un método peligroso-, las que siendo cutres están llenas de talento –Rabia, Cromosoma 3, Vinieron de dentro de…-. Y el grueso de su filmografía, las películas del Desconcierto (así con mayúscula), que no se sabe si son magistrales, delirios de grandeza o la broma de un genio superior al resto de los mortales. Ahí están Inseparables o Crash y ahora podemos añadir sin problemas esta Cosmópolis. Un momento… ¿Cosmópolis en el mismo saco que Videodrome y El almuerzo desnudo? Vayamos por partes.

Como todo autor con sentido de la responsabilidad, a David Cronenberg le toca hablar del compulso momento que atraviesan las sociedades capitalistas. Donde el rico lo es mucho y sin escrúpulos y el pobre se arrastra por el fango. Y el que ayer fue alguien rodeado de lujos, hoy puede estar entre ratas dependiendo si quebró el yen o el dólar.

Al igual que en Shame o en American Psycho, acompañamos a un joven y caprichoso broker, niño mimado de su tiempo, aislado del populacho en su limusina por las calles de Manhattan, filosofando con los diferentes y variopintos personajes que se cruzan en su camino. Pero a diferencia de otras odiseas neoyorquinas como The warriors, el objetivo de su periplo no es algo tan noble como volver al calor de su barrio sino… ir a cortarse el pelo. La prueba de que estamos ante obra puramente Cronenberg, con su humor malsano y su manierismo. Un lugar al que su autor necesitaba regresar tras haber puesto de acuerdo a crítica y público con sus últimas y serias producciones.

La novela de Don DeLillo en que se basa sitúa la acción en el año 2000, pero en todo momento y sin apenas salir de la limusina tenemos la sensación de que estamos en un futuro cercano, o más bien en la parodia de un futuro cercano. Cronenberg demuestra su sabiduría de viejo zorro de la serie Z sacando el máximo partido a escasos medios. Cuatro o cinco sencillos escenarios que gracias a la puesta en escena adquieren un look ultramoderno y a la vez evita que el exceso de diálogo le haga caer en la teatralidad. Algo a lo que también contribuye el buen hacer de veteranos como Paul Giamatti, Juliette Binoche o Samantha Morton.

Y aquí encontramos uno de los puntos más discutibles, la elección del protagonista Robert Pattinson. Si bien es cierto que su condición de ídolo adolescente le hacen encajar en el papel de niño bonito ávido de emociones fuertes, por momentos busca y no encuentra la intensidad que requiere Cronenberg. Una afinidad con el realizador canadiense indiscutible en otros de sus actores fetiche como Viggo Mortensen, Peter Weller o Jeremy Irons. Pero en fin, también el iconoclasta director de Taxi Driver sigue insistiendo con el chavalín de Titanic y no le va del todo mal.

Minimizando ese hándicap (cosa difícil teniendo a Pattison en casi todos los planos), en el resto de la película un Desconcierto más rebuscado e impuesto del habitual, un intento por regresar al País de Cronenberg en busca de su personalidad perdida. Como su protagonista, trata de llegar a la que fuera peluquería habitual de su padre, el lugar donde fue feliz aún sin contar con el prestigio del que ahora goza. Un lugar que existe pero ya no es igual.

La despiadada sátira social sigue ahí, por supuesto, el último tercio con el largo duelo entre Pattison y Giamatti resulta memorable y hay momentos puramente Cronenberg que provocan el respingo en la butaca. Pero queda la duda de si esos mismos destellos autorales son sencillamente golpes de efecto sacados del manual Cronenberg, la marca de la casa, o si la verborrea filosófica es una forma de ocultar la redundancia.

Sí, Cosmópolis es una película desconcertante. Aunque en esta ocasión no tanto por saber si estamos ante una genialidad o un tomadura de pelo. La cuestión es más bien si Cosmópolis pertenece a las obras del Desconcierto de Cronenberg o es una hermana menor de las mismas. Como todas sus películas de esta variedad, necesita de varios visionados para valorarla correctamente. El tiempo dirá, pero cuesta creer que estemos ante el Videodrome del tercer milenio.

Lo mejor: El enfrentamiento con Paul Giamnatti

Lo peor: Cuando Cronenberg quiere ser el Cronenberg que fue

Nota: 60/100

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