Esta fiesta no termina

Crítica de Somos la noche publicada en MySofa. Puedes consultar el contenido original aquí.

El argumento de Somos la noche, escrito por el director de la aplaudida La ola siendo aún veinteañero, corría el serio peligro de convertirse en una respuesta fashion a los vampiros púberes de crepúsculos y amaneceres. Lena, una joven carterista que subsiste en las calles de Berlín, cruza su camino con Louise, una elegante y seductora rubia con atracción por su yugular. Tras esa noche su vida no será igual, noche y vida se confunden, ambas serán eternas. El buen aficionado al género puede adivinar cómo continúa la historia y hasta cómo termina. Los clichés más manidos del cine de vampiros románticos están en esta cinta alemana. ¿Un demérito? Todo lo contrario, esta es la película que muchos añorábamos.

Es cierto que en los últimos tiempos muestras del género han dejado patente que el tema de los chupasangres nunca muere. Pero la inmortalidad puede causar rutina y repetición, que títulos recientes como Déjame entrar (y su remake) o Stake Land evitaban añadiendo nuevos enfoques como el abuso escolar o el apocalipsis. Escasa originalidad se puede rastrear en Somos la noche aparte de estar localizada en Berlín. Afortunadamente, el director Dennis Gansel es consciente de que no puede decir nada nuevo y no sólo no se desmarca de los tópicos sino que se recrea en ellos y los disfruta tanto como el espectador que ya sabe lo que va a ver. Y así, la aparente modernidad de estas vampiresas pijas se convierte en singular clasicismo. Las no muertas arrasan en la pista de baile a ritmo de música electrónica, pero no se reflejan en los espejos como le sucedía al Nosferatu de Murnau.

Un mundo nuevo que se abre a los ojos de Lena, de lujo y perversión, cochazos y balnearios. No sólo hay que sobrevivir en la noche, sino exprimirla hasta las primeras luces del alba. Todo ello mucho mejor retratado que en otros intentos de combinar contemporaneidad y maldiciones sanguíneas con metrópolis de fondo, como fueron Un hombre lobo americano en París o Sangre fresca.

Aunque a mitad de metraje se nota el bajón de todo desfase nocturno (entrar en la noche, conocerla, disfrutarla y sobrevivirla es la escasa línea argumental), la parte final posee un ritmo endiablado. Asistimos a un triángulo amoroso no por inevitable menos enternecedor (y sin caer en la cursilería), a una vibrante secuencia de acción (robada de otra reivindicable película vampírica: Los viajeros de la noche). Y, sobretodo, a la evolución de la vampiresa Charlotte, una enigmática Jennifer Urich, muda en la primera parte, porque calla una de esas historias secundarias que engrandecen todo relato.

No vamos a engañarnos, Somos la noche es una descarada acumulación de lugares comunes sólo para devotos de los vampiros más auténticos. Pero sin duda a ellos quedarán felizmente saciados. Les espera una noche completa, henchida de amor, sexo y, por supuesto, sangre. Porque la sangre es la vida.

Lo mejor: la historia de Charlotte

Lo peor: algún toque demasiado cool

Nota: 70/100

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s